Sermon by: comunica

3 febrero, 2020

Preacher:

El sí a la vida tiene como objetivo fundamental la protección de la vida humana desde su concepción hasta su desenlace natural que tiene lugar con la muerte biológica. Esta decisión también nos lleva a realizar una serie de acciones de sensibilización sobre el valor de la vida, así como también, de acompañamiento a personas que atraviesan situaciones difíciles.

El “sí a la vida” nos compromete a proponer, especialmente a los jóvenes, un proyecto de vida que ayude a comprender y vivir mejor la existencia, como también a enfrentarse a una cultura que pretende reducir la vida a un simple objeto de placer o a una mercancía desechable de fácil consumo. En este contexto, decir sí a la vida, por lo tanto, es una decisión que nos lleva a poner de relieve los distintos aspectos que encierra el don maravilloso de la existencia: su grandeza, bondad y belleza. Esta conciencia hace posible que estemos dispuestos a amarla y a defenderla frente a cualquier interés social, económico o político. Para esto, contamos con los aportes de la ciencia, de la ética y la moral, de la filosofía y de la teología. Estos saberes, lejos de oponerse, se ayudan y complementan. Cada uno tiene una palabra muy importante que decirnos. De aquí la necesidad de formarnos bien, de tal modo que no se nos tilde de fanáticos, dogmáticos ni fundamentalistas.

La ciencia, como la biología, la psicología y la sociología, por ejemplo, nos ayudan a percibir la complejidad de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás. Un ser dotado de grandes capacidades y posibilidades y también de muchas limitaciones. La ética y la moral ponen de manifiesto, entre otras cosas, la libertad que tenemos para pensar y obrar y, a la vez, la responsabilidad frente a las personas y a la naturaleza. La filosofía nos interroga sobre el sentido o finalidad de lo que somos, pensamos, sentimos y hacemos en este mundo cultural, en el que habitamos y compartimos sus esperanzas y frustraciones.

La teología cristiana afirma que la vida es el regalo más grande de Dios, que nos abre a una existencia plena y definitiva pero profundamente enraizada en nuestra historia personal y social. Nuestra opción clara y firme por la vida, por lo tanto, nos lleva a buscar las razones científicas, éticas, filosóficas y teológicas para valorar mejor nuestra vida y la de los demás y luchar para que nadie la destruya.

Mons. Luis Cabrera Herrera, ofm

Arzobispo de Guayaquil y retirista del Movimiento Juan XXIII